Danzahoy
c
 
 
     
     
 
Actualidad 
Critica 
Opinion  
Salud
Foros
Auspiciantes
Libros  
Videos
Trabajos
Escribenos  
Enlaces  
Diccionario  
Quienes somos
  Pagina principal
Otras ediciones
 

Estrellas del Nuevo Milenio

Brillan con luz propia

Por Célida P. Villalón (USA)

El State Theatre del Lincoln Center de Nueva York recibió seis parejas internacionales en un programa de 13 pas de deux y solos. Una de las revelaciones fue Daniil Simkin del Ballet de la Ópera de Viena.

En una noche de gran gala, y bajo el atractivo título Estrellas del Nuevo Milenio, el State Theatre del Lincoln Center de Nueva York, desde 1993, abre sus puertas a estrellas internacionales de ballet, para presentar un programa concertado por los esposos Nadia Veselova-Tencer y Solomon Tencer.

La magnífica oportunidad de disfrutar de momentos importantes de danza clásica, y conocer a las nuevas luminarias que aparecen en el programa, logran que el espectáculo obtenga un éxito resonante.

Seis parejas diferentes tomaron parte en la que sería esta vez una tanda combinada de 13 Pas de Deux y solos, donde no faltaron agradables sorpresas. Y la principal vino de parte de Daniil Simkin (de 21 años), del Ballet de la Ópera de Viena –ganador de primeros premios en las Competiciones Internacionales de Varna, 2004; Helsinki, 2006, y Jackson, Mississippi, 2006–., magnífico bailarín que combina dinamismo y fineza, con su presencia juvenil, casi aniñada, de gran atractivo.

La total precisión mostrada por Simkin en bailes de diferentes estilos, dieron comienzo con “Moorhuhn”, original de Dmitrij Sumkin –progenitor del artista–, sobre música de Mussorgsky, que simula un gracioso pájaro con simpáticos aleteos, y sirvió para sentar lo que estaba por venir.

Su segunda actuación fue en una simpática parodia de Cauwenbergh, con acompañamiento vocal de Jacques Brel, titulada “Le Bourgeois”, en la que el bailarín mostró ser además un buen actor. Durante el intermedio, alguien del público presente, hizo una pregunta en voz alta, que quizás haya cruzado por la mente de más de uno de los presentes: “¿Estaremos en presencia de un nuevo Misha?”, en referencia a Mikhail Baryshnikov.

Simkin selló su suerte como favorito instantáneo del público, cuando compartió la escena con Roberta Marquez, del Royal Ballet de Londres, brillante y segura, para interpretar con brillantez y “panache”, el conocido Pas de Deux de “Don Quijote”, una de las piezas más gustadas de la nomenclatura clásica.

Lucía Lacarra y Cyril Pierre, del Ballet de Munich, pareja que mucho aplaudió el público esa noche, comenzaron sus actuaciones con “Thais”, de Massenet, según coreografía de Roland Petit. Hay que repetir que las extensiones de Lacarra son impresionantes, y sus piernas a veces parecen ser de terciopelo. Además, su braceo encierra sutileza igual que emoción. Su trabajo con Pierre logra momentos de gran intensidad, sobre todo en el Pas de Deux del segundo acto de “La Dama de las Camelias”, de John Neumier, con música de Chopin, donde la sensualidad de ambos llega a límites atrevidos, sobre todo cuando Armand le rasga el vestido a Marguerite, y ambos se revuelcan por el suelo en momentos de sublime éxtasis amoroso.

El Ballet Bolshoi estuvo muy bien representado por Svetlana Lunkina y Nikolai Tsiskaridze, típicos bailarines del estilo grandioso y depurado de la compañía moscovita, que ofrecieron en primera instancia el Pas de Deux del Acto II de “Giselle”, de Coralli-Perrot, y en segunda, “La Rose Malade”, una hermosa creación de Petit, sobre el Adagietto de la 4ª de Mahler, compuesta hace años para la gran Plisetskaya. Evitando comparaciones involuntarias, Lunkina, bailarina de un lirismo exquisito, hizo lo mejor que pudo con el estilo sutilmente apasionado que la coreografía requiere.

El Pas de Deux de “El Corsario” fue logrado con gran esplendor por la pareja compuesta por Anastasia Matvienko y Denis Matvienko, ambos del Mikhailovsky Opera and Ballet Theatre, de San Petersburgo. Los “fuegos artificiales” provocados por las vueltas interminables y saltos inmensos del bailarín, lograron la esperada reacción del público en aplausos y gritos de bravo. No fue ese el caso del segundo número que interpretaron: una viñeta estrafalaria y tonta, titulada “Radio & Juliet”, original de Edward Clug, con acompañamiento de Radiohead, carente de importancia artística.

La intervención estadounidense recayó sobre Maria Kowroski, del New York City Ballet, y David Hallberg, del American Ballet Theatre, en el “Tchaikowsky Pas de Deux” de Balanchine. Como siempre, ambos brillaron por su velocidad y gran estilo, sobre todo Hallberg, de regia presencia e interpretación inmaculada, sin embargo, se quedaron cortos en la espectacularidad que se esperaba de ellos.

Una delicada estampa de “La Sílfide”, de Bournonville, incluyó a David Makhateli, del Royal Ballet de Londres, junto a Svetlana Lunkina, en una sustitución de última hora. Shoko Nakamura y Ronald Savkovic, del Ballet de la Ópera Estatal de Berlín, aparecieron en primer lugar usando la música de “E Lucevan le Stelle”, de la ópera “Tosca” de Puccini, y coreografía del propio Savkovic, que incluía la intervención (no muy afortunada) del tenor Mihail Kotlyarov. La segunda aparición de ambos fue también original del propio Savkovic, sobre música de Fado Portugués, que resultó más aceptable que la primera.

Como siempre, la noche terminó con un aplaudido Defilé, arreglado por Veselova-Tencer, donde cada miembro del reparto da rienda suelta a su virtuosismo técnico, para delicias de un público que espera, por sobre todas las demás cosas, disfrutar de alardes de ejecución…. Y así sucedió.

 
Lucía Lacarra, del Ballet de Munich, logró momentos de gran intensidad en “La Dama de las Camelias”, en la gala Estrellas del Nuevo Milenio.
Fotos Gene Schivone.
 

La principal sorpresa vino de parte de Daniil Simkin, del Ballet de la Ópera de Viena, quien bailó a Jacques Brel en “Le Bourgeois”.

 
Volver al principio
   
 
 
 
Recomienda este artículo
Tu Nombre   Tu e-mail
 
Nombre de tu amigo   E-mail de tu amigo