Dada la popularidad, en el siglo XIX se conoció como la danza nacional de España. La escuela de este tipo de baile luego tomó su nombre por la danza y los bailarines fueron conocidos como boleros y boleras.
La Escuela Bolera, se refiere a un estilo particular de danza clásica española que floreció en el siglo XIX en las academias de Sevilla, Cádiz, Málaga, Granada, Jerez de la Frontera, Barcelona, Madrid y Valencia. Este único estilo de baile desarrollado de la fusión de las danzas folklóricas regionales por un lado, y por el otro, de los pasos de ballet que se enseñaban en los estudios y se representaban en teatros en España, fue adoptado por los bailarines de la época Romántica en París, y esparcido desde allí. Dada su popularidad en el siglo XIX se reconoció como la danza nacional de España.
El nombre original de esta danza, dio lugar al nombrado estilo de baile, y los bailarines fueron conocidos como boleros y boleras. La palabra fue originalmente escrita con “v”, como figura en el título de un viejo manuscrito de música “Seguidillas Voleras”, pero debido a que en castellano las letras “b” y “v” suenan similar, finalmente pasó a ser escrito con “b”. Según el famoso guitarrista y compositor español Fernando Sor(s) (1784-1839), en su ensayo erudito “Le Bolero” de la “Encyclopedie Pittoresque de la Musique” publicado en París en 1835, la palabra “Bolero” fue usada primero como adjetivo. Las Seguidillas, en las que se introdujeron modificaciones en el movimiento y en el ritmo fueron luego llamadas “Seguidillas Boleras”. Más tarde, la palabra Seguidillas dejó de usarse.
Las “Seguidillas Manchegas”, danza de la región de Castilla la Nueva es el elemento folklórico esencial del Bolero, pero también se pueden reconocer influencias valencianas. El maestro Pedro de la Rosa dejó ciertas normas para las Seguidillas y el Fandango. La música de las Seguidillas es anacrusa, lo cual significa que hay una o más notas sin acento antes del primer compás. Esto se repite luego en el Bolero, danza de ritmo 3/4, en la cual el acento empieza en la última nota del compás y los tiempos van a través de dos compases (6 tiempos). Una interesante diferencia es que los bailarines en las Seguidillas se mueven alrededor e intercambian lugares entre las coplas, mientras que en el Bolero nunca se desplazan.
Gente de varias profesiones y ciudades contribuyó con el bolero: Antonio Boliche, a quien Rodríguez Calderón se refiere en su Bolerología; Sebastián Cerezo, a quien Serafin Estébanez se refiere como a un hidalgo o una persona de importancia; Lázaro Chinchilla, Esteban Morales y Juanillo, hasta que Requejo tomó y estableció las normas para el bolero al final de 1700. La posición de los brazos en el ballet viene de la danza española pero tienen más fluidez. Los movimientos de los brazos en la danza clásica española son circulares; se colocan en alto por encima de la cabeza y giran hacia fuera o hacia dentro.
En el año 1787 se fundó el teatro Los Caños del Perral en Madrid. En el Bolero se introdujeron variaciones de cuatro, seis, ocho y más parejas con el fin de competir con las compañías de ballet. En una ola de proteccionismo por parte de los bailarines locales, en un edicto el 28 de diciembre 1799, se vetó a los bailarines extranjeros llegados de Francia e Italia, y se estableció una escuela en 1807 con el propósito de preservar las danzas nativas.
En 1834, Dolores Serral y su partenaire Mariano Camprubí junto a Manuela Dubinon, Francisco Font y Lola de Valencia causaron un revuelo de excitación en París con sus espectáculos. Rosita Mauri que al igual que Camprubí era procedente de Reus (Tarragona) en Cataluña, se convirtió en Prima Ballerina de la Ópera de París. Serral le enseñó a Ellsler la “Cachucha” y, tanto la “Cachucha” como otras danzas de la Escuela Bolera –que eran parte no sólo del repertorio de los bailarines– fueron incorporadas al ballet por coreógrafos como Filippo Taglioni y August Bournonville.
José de Udaeta comenta que el Bolero llegó a los salones de baile alrededor de 1840. Los Boleros se representaron en numerosos teatros entre 1847 y 1920 como en el Salón del Recreo, el Café de Silverio, Oriente, Novedades y en varios recintos más en Sevilla y otros lugares. Hoy escasamente se representan en los teatros, y en cierto modo el Bolero está casi olvidado.
En el siglo XIX Manuel y Miguel Barrera eran dos de los maestros de danza de Sevilla. Tenían dos reconocidas academias en el centro de la ciudad, una en la Calle Pasión y la otra en la Calle Tarifa respectivamente. Su alumna más famosa fue Amparo Alvarez, más conocida como La Campanera, quien fue inmortalizada por el, también famoso artista francés, Gustave Doré, que visitó España en 1862 con el escritor Baron Davillier. Después de estudiar con Amparo Alvarez y con el Maestro Segura, Ángel Pericet Carmona (1877-1944), o “Don Ángel” como lo llamaban, abrió un estudio en Sevilla. Sus hijos, Luisa, Concha y Ángel Jiménez actuaban como el Trío Pericet. Su hermano Rafael también enseñó allí. En 1940, Ángel se mudó a Madrid y junto con su hija Luisa se dedicaron a la enseñanza del baile.
En la actualidad, son los hijos de Ángel quienes preservan este arte: Eloy Pericet Blanco enseña en Madrid y Luisa Pericet Blanco en Buenos Aires. Ángel Pericet Blanco, ya retirado y conocido como "El Jefe" por los miembros de la familia, baila internacionalmente junto a sus hermanas Carmelita y Amparo y a su hermano Eloy. Ellos mantienen la antorcha de esta forma clásica de danza. Ángel Pericet Blanco señaló que este dominio particularmente femenino ha sido, paradójicamente, preservado mayormente a través de la línea masculina de la familia. Ellos transmitieron esta herencia a muchos de los exponentes modernos como José de Udaeta, Alberto Lorca, La Quica, Juan Magriña, Mercedes y Albano, y a todos sus alumnos. Mariemma tiene su propia versión.
A principios del siglo XX la familia Pericet realizó algunos cambios en la presentación de la Escuela Bolera. Adoptaron la postura vertical, con los brazos sobre la cabeza y el uso de altas elevaciones de las piernas. Así lo explica Paula Durbin en su artículo de la revista publicada en Estados Unidos, “Jaleo”, en el número de enero/febrero 1984 donde transcribe una frase textual de Ángel Pericet Blanco: “Nosotros, los Pericet hemos preservado exactamente el estilo de nuestro abuelo, tal como él nos lo enseñó. No hemos cambiado un solo paso. Simplemente hemos adaptado la expresión del cuerpo. Hoy en día, el cuerpo del bailarín es muy diferente de lo que era en el siglo XIX. Los bailarines de hoy tienen más facilidad, elevación y gran flexibilidad. Por supuesto estas aptitudes tienen que ser utilizadas, pero la técnica original no debería olvidarse. Especialmente por los bailarines españoles, ya que hay solistas extranjeros que bailan el Bolero o los Panaderos a la perfección.” |
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En 1834 Dolores Serral y su partenaire Mariano Camprubí (en la foto) causaron un revuelo de excitación en París con sus espectáculos.
Foto gentileza Dame Marina Keet de Grut |
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Lecturas:
Marina Grut: The Bolero School – An illustrated history of the Bolero, the Seguidillas and the Escuela Bolera: Syllabus and Dances. Dance Books Ltd, London, England, 2002. ISBN 1 85273 081 1.
José de Udaeta: The Spanish Castanets – Origins and Evolution, especially Chapter II. Ulrich Steiner Verlag, Overath, Germany, 1985, ISBN 3 924953 02 3
José Blas Vega and Manuel Ríos Ruiz: Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco. Editorial Cinterco S.L. Madrid 1988. ISBN 84-86365-27-9 (2 vol.)
José Otero: Tratado de Bailes. Seville 1912
D. Juan Jacinto Rodríguez Calderón: La Bolerología. Philadelphia 1807
Bibliografía: The Bolero School.
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